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Vicios de poder en las Cámaras de Comercio


 

Bogotá_La obligación legal de ingresar en el registro mercantil algunos de los actos del comerciante crea un mercado cautivo y artificial a favor de las Cámaras de Comercio, que no se justifica hoy en día.

La obligación de acudir a las Cámaras, sumada a la imposición de tarifas y la creación de jurisdicciones exclusivas, solo tendría sentido si, en contraprestación por la falta de competencia, los beneficios de las economías de escala se pudieran trasmitir a las pyme y a los usuarios de escasos recursos y si la comunidad empresarial pudiese acceder a bajo costo a un abanico de servicios de buena calidad y de notorio valor agregado.

La realidad es muy lejana de tan ingenua aspiración: las Cámaras de Comercio se han convertido en una fortaleza del poder político regional que sirven únicamente para consolidar los privilegios que detentan las élites empresariales locales. Con una incorrecta aproximación a la teoría de los cluster empresariales y el supuesto aplacamiento de proyectos de gran envergadura, las Cámaras han implementado programas que abiertamente discriminan al pequeño empresario y alejan cada vez más a estas entidades de los intereses de la ciudadanía.
Las Cámaras de Comercio en otros países -que compiten sin restricciones para defender su cuota de mercado- ofrecen servicios especializados gratuitos o a bajo costo para sus afiliados, como la realización de estudios de mercado, la confección de bases de datos a la medida, la realización de encuentros empresariales, la realización de trámites en línea y el suministro de información preferencial por internet, entre otros.
En otros países, los nuevos empresarios acuden voluntariamente a las Cámaras para conseguir información y asesoría estratégica en la creación o consolidación de negocios. En Colombia, la ciudadanía acude a las Cámaras de Comercio usualmente para cumplir una obligación legal, y la información estratégica que se necesita para darle fuerza a su emprendimiento empresarial se obtiene por otros caminos. En nuestro país, las personas normalmente no cuentan con las Cámaras como sus aliados empresariales y las perciben como ajenas a sus intereses.
La Cámara de Barranquilla
El caso de la Cámara de Comercio de Barranquilla, aparte de todo esto, incluye otros ingredientes de máxima gravedad, que están llevando a todo el sistema cameral a una crisis profunda de gobernabilidad y sostenibilidad.

Entre tales ingredientes está la creación en masa de sociedades ficticias, sin una actividad comercial comprobada, para influir la votación de los órganos de dirección y, por esa vía, hacerse al control de la Junta Directiva. La pregunta que todos se hacen es: ¿qué hay tan grande detrás de un puesto en la Junta?, ¿Poder, contratos?, ¿Ambas cosas?
Pero también debemos preguntarnos, ¿por qué la comunidad empresarial ajena a estas élites no se ha unido para plantarse con la suficiente firmeza para impedir que esto ocurra?
La sociedad empresarial barranquillera parece dividida frente al falso dilema que propone este caso. Ciertamente, sorprende ver que algún terreno ha ganado la tesis contra-evidente de que la creación de cientos de empresas de papel sirven al supuesto propósito futurista de una expansión empresarial.
Aquí lo que corresponde es darle el mayor respaldo a los entes de supervisión que han obrado con firmeza, como la Superintendencia de Industria y Comercio, y persistir en la idea de que el sistema de gobernabilidad de las Cámaras debe ser reformado de forma inmediata para excluir la politiquería y la corrupción. Más aún, creo que la crisis debe ser aprovechada para darle un vuelco a todo el sistema cameral con una reforma de fondo, haciéndolo más competitivo, más transparente, más cercano a los ciudadanos y mucho más útil y ajustado a sus necesidades empresariales.

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